ENTRENAMIENTO
FÍSICO EN LA REHABILITACIÓN CARDÍACA
Ricardo
Serra Grima; Malen Morales; Ricardo Ortega: Lidia Capellas; Rosario
Garreta; Xavier
Caufape; Carmen de la Rosa; Judit Batlle; Prat Torrents
La
actividad física desempeña una función relevante en el contexto de
la prevención secundaria de la cardiopatía isquémica.
Los
objetivos de la prescripción de ejercicio físico en pacientes con
diversos tipos de cardiopatías, especialmente la cardiopatía isquémica,
son aumentar la capacidad funcional, el control de factores de riesgo
coronario, como tratamiento complementario y la mejoría de los
aspectos psicológicos y sociales.
NIVELES
DE ACTIVIDAD FÍSICA: CUANTIFICACIÓN DEL TRABAJO FÍSICO.
Los
efectos producidos por el entrenamiento físico guardan relación con
el tipo de trabajo muscular, intensidad de las sesiones, tiempo
invertido en cada una de ellas y duración del programa.
Para
valorar objetivamente el nivel de actividad física y comprobar sus
efectos a medio y largo plazo se re comienda cuantificar en gasto
energético las actividades laborales y recreativas a realizar a lo
largo del día. El nivel de actividad física es la suma del tiempo
invertido en el entrenamiento, el de tiempo de ocio (si exige
requerimientos energéticos) y la actividad laboral. El índice de
actividad metabólica (IAM) o gasto energético de un trabajo o
actividad física se determina de forma bastante aproximada por el
producto de la intensidad (1) y duración del ejercicio en minutos
(D): IAM = 1 x D. Si el índice en situación basal es de 60 kcal/h,
la unidad corresponde a 1 kcal/min =l MET= 3,5 ce de 02/kg.min. La
relación I unidad= kcal/min no es del todo exacta, pues el
metabolismo basal oscila entre 50 y 80 kcal/h. En la tabla I, se
muestra una relación de las actividades más frecuentes. La
intensidad es la relación entre el gasto energético basal y el que
se requiere para cada una de ellas, que se ha calculado con
determinación del V02 max. por método directo.
Indices
entre 2 y 3,5 son ligeros; 4 y 5 moderados y 6 o más intensos. El índice
de 6 que discrimina entre actividades moderadas e intensas, equivale
al 50% de la frecuencia cardíaca máxima (F.C. Máx) teórica, que ya
produce efectos significativos sobre el rendimiento cardiovascular.
Ejemplo
de como se calcula el número de calorías consumidas por semana: el
paseo activo sobre terreno predominantemente llano, alrededor de 5,5
km/h (10 min/km) equivale a un gasto energético o índice de
actividad metabólica de 4 kcal/min. Si se realiza una hora al día,
seis días por semana, resulta: 4 x 60 min. x 6 días = 1440 kcal.
Un
estudio realizado por Hambrecht (J Am Coll Cardiol 1993; 22: 468-477)
demuestra una mejoría cuantificable de la capacidad
cardiorespiratoria cuando se consumen 1400 kcal/sem. durante el tiempo
de ocio. Para detener la progresión de las lesiones ateroscleróticas
coronarias, se requiere un nivel de actividad física algo superior
(1533±122 kcal/sem.). La regresión de las lesiones coronarias, se
observa sólo en pacientes que consumen una media de 2200 kcal/sem. en
la actividad física del tiempo de ocio, lo que equivale a 5 o 6 horas/sem.
de ejercicio físico regular.
EFECTOS
DEL EJERCICIO.
El
ejercicio físico mejora el rendimiento cardiovascular debido a
cambios hemodinámicos, hormonales, metabólicos, neurológicos y en
la función respiratoria. Interviene en la modificación de los
factores de riesgo cardiovascular y, en consecuencia, desempeña una
función significativa en la prevención primaria y secundaria de la
cardiopatía isquémica. En los efectos del ejercicio físico hay que
diferenciar entre los que corresponden al propio entrenamiento, su
implicación en la modificación de los factores de riesgo coronario y
la influencia en el cambio de estilo de vida.
EFECTOS
DEL PROPIO ENTRENAMIENTO.
La
mejoría de la capacidad física es el cambio más evidente que se
produce incluso con niveles de intensidad moderados (alrededor del 50%
de la F.C. max. durante el ejercicio que equivale a paseo activo).
La frecuencia cardíaca más lenta en reposo y para un mismo nivel de
esfuerzo submáximo, junto a la reducción de la presión arterial
sistólica y diastólica en reposo y esfuerzo, provocan una
significativa disminución en las demandas energéticas del miocardio
(estos dos factores son los que producen un mayor incremento del
consumo de oxígeno en el miocardio). Este fenómeno modifica el
umbral de isquemia en pacientes coronarios e incrementa la tolerancia
al esfuerzo. Ejerce el efecto de un betabloqueante fisiológico, lo
que plantea la posibilidad de reducir la dosis de los fármacos
betabloqueantes, que corrientemente se utilizan en este grupo de
pacientes.
MODIFICACIÓN
DE LOS FACTORES DE RIESGO.
Un
programa de ejercicio físico de intensidad moderada, como puede ser
andar a paso activo una hora diaria, es suficiente para producir
cambios significativos en el perfil lipídico, especialmente sobre
reducciones de triglicéridos, del colesterol total e incremento del
e-HDL. La situación más favorable desde el punto de vista de
protección frente a la enfermedad cardiovascular, es la que combina máximos
niveles de c-HDL con mínimos valores de e-LDL.
Diversos estudios aparecidos en los últimos diez años, demuestran la
eficacia del ejercicio físico predominantemente aeróbico (trabajo
dinámico) sobre la hipertensión arterial.
La modificación del umbral de aparición de arrítmias malignas,
especialmente fibrilación ventricular, debido probablemente a la
reducción de los niveles de actividad simpática y/o aumento del tono
vagal, constituye una de las acciones que es algo más que una
especulación y que justificaría, en parte, la reducción de un 20%
de mortalidad a los tres años en pacientes post-infarto de miocardio,
que siguen un programa de entrenamiento físico.
CAMBIOS
EN EL ESTILO DE VIDA Y ASPECTOS PSICOLÓGICOS.
El
ejercicio físico contribuye al abandono del hábito tóxico,
especialmente el tabaco, mantenimiento de dietas más saludables y el
menor consumo de alcohol. Los hombres físicamente activos son menos
fumadores en tiempo de ocio y tienen menos índices de obesidad.
Los efectos del ejercicio alcanzan asimismo, al área psicológica. La
sensación de bienestar, disminución de la agresividad con mayor
tolerancia al estrés y la mejora de la propia imagen son algunos de
los cambios observados en individuos físicamente activos. En la tabla
II se muestran otros efectos de la actividad física.
FASES
DEL PROGRAMA.
*
Fase I: Comprende desde el ingreso hasta el alta hospitalaria.
* Fase II: Se inicia inmediatamente después del alta
hospitalaria. El paciente ha de seguir
las recomendaciones que se le han dado por escrito y realizar los
ejercicios de gimnasia que ha aprendido durante la estancia en el
hospital. La duración media es de 2-3 meses.
Los pacientes que no se han incorporado en esta fase a su debido
tiempo, se les ha de aconsejar que lo hagan, porque este retraso no
disminuye los beneficios. Como los demás pacientes, han de disponer
de una prueba de esfuerzo realizada dentro de un período inferior a
los tres meses.
Durante el primer mes se recomienda alcanzar un nivel de esfuerzo en
el que la frecuencia cardíaca alcance el 70% de la obtenida en la
prueba de esfuerzo. Al segundo mes, la intensidad se aumenta al 80%,
siempre en función de su tolerancia y buena adaptación.
El paciente ha sido debidamente informado de las sensaciones que
experimentará durante el entrenamiento y de la forma de tomarse la
frecuencia cardíaca. Ante cualquier incidencia, cansancio exagerado,
dolor precordial, mareo, taquicardia desproporcionada al esfuerzo
realizado, etc., se valorará por parte del personal médico
especializado la conveniencia de establecer modificaciones en su
intensidad en el caso de que esté justificado.
Como norma general, conviene instruirles a efectuar el entrenamiento
manteniendo una conversación sin frases entrecortadas. Esto equivale
a una intensidad de esfuerzo fisiológico y posiblemente, por debajo
de sus posibilidades reales. Ante cualquier situación, salvo si
aparece dolor precordial intenso o brusca sensación de mareo, hay que
aconsejar la disminución progresiva del ejercicio. La suspensión
brusca ocasiona, especialmente en individuos predispuestos,
hipervagotonía con reacciones desagradables que pueden llegar incluso
al síncope.
*
Fase III: Los efectos del ejercicio no son permanentes. Por
este motivo hay que influir en los pacientes a continuar los programas
de ejercicio indefinidamente. Periódicamente se establecerán las
modificaciones oportunas en volumen, intensidad y características en
función de las adaptaciones y motivación de los propios pacientes.
Para evitar el abandono del programa se ha de recomendar la
participación del paciente en centros deportivos y clubs o centros de
salud.
Es aconsejable que el paciente anote en un diario si se ha realizado
actividad física o no, duración de la sesión, tipo de actividad y
sensaciones experimentadas. Esto permite cuantificar las kilocalorías
semanales consumidas. En algunos casos la frecuencia cardíaca puede
ser de utilidad si existen garantías de que se ha medido
correctamente.
TIPO
DE EJERCICIO FÍSICO.
Para
conseguir un seguimiento óptimo del programa de prescripción física,
es indispensable que el enfermo elija (dentro de sus posibilidades) el
tipo de ejercicio que quiera practicar.
En general se aconseja la elección de un ejercicio físico que
implique un esfuerzo de predominio dinámico, que puede completarse
con trabajo isométrico con cargas de trabajo ligeras (ejercicios con
pesas, no superiores a 5- 10 kg) que ayuden a potenciar la fuerza
muscular.
En cuanto a la actividad deportiva se aconsejará, según preferencias
y posibilidades, deportes de tipo dinámico (natación, carrera,
ciclismo, golf, senderismo y esquí de fondo). Hay que evaluar
individualmente la práctica de determinados deportes por los cuales
el paciente se sienta especial predilección. La contraindicación
para una de estas actividades, puede representarles un contratiempo
que a la larga influya en la pérdida de motivación y disminución de
su calidad de vida.
Es necesario informar al paciente de las medidas generales precisas
para hacer un deporte: ropa y calzado adecuados, importancia de
realizar un calentamiento de al menos diez minutos antes de comenzar
la sesión de ejercicio; y al terminar realizar un período de
enfriamiento, disminuyendo la intensidad del esfuerzo de forma
progresiva. Durante el enfriamiento deben realizarse también
ejercicios de estiramientos.
Debemos aconsejar al enfermo que no realice el ejercicio en ayunas, ni
tampoco antes de pasadas dos horas desde una comida principal. La
hidratación que complemente las posibles pérdidas de líquidos
corporales debe ser también contemplada. Aconsejar no entrenar si el
paciente no se encuentra bien o si presenta enfermedades
intercurrentes agudas.
Intensidad:
Se establecerá en función del
resultado de la prueba de esfuerzo limitada por síntomas (agotamiento).
Como se trata de un grupo de bajo riesgo se sobrentiende que durante
la prueba no ha tenido angina ni se han registrado alteraciones
significativas de isquemia o arritmias complejas. En la actualidad
muchos pacientes reciben fármacos que afectan a la función eronotrópica
(betabloqueantes) y la prueba de esfuerzo se realiza, generalmente,
bajo los efectos de medicación. La frecuencia cardíaca de
entrenamiento se calculará como se ha especificado previamente.
Frecuencia:
Se aconseja un mínimo de tres e idealmente
cinco sesiones a la semana.
Duración:
Se irá aumentando progresivamente desde el
inicio del programa hasta lograr 45-60 minutos/sesión.
RESUMEN
Se
ha probado la eficacia del entrenamiento sobre la mejoría de la
capacidad física y sobre el control de diversos factores de riesgo
cardiovascular. La cuantificación del trabajo físico, que se ha
realizado en gasto calórico, nos permite conocer con criterios más
objetivos el nivel e intensidad de la actividad física. El
seguimiento de las diferentes fases del programa contribuyen a
conseguir todos los objetivos reduciendo el riesgo de complicaciones
de forma significativa.